Jóvenes, apuestas en esports y riesgo: datos y señales para familias

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Por qué el segmento joven concentra el mayor riesgo
En mis años siguiendo la escena esports española he recibido mensajes directos de padres preocupados con una frecuencia creciente. No eran preguntas sobre cómo apostar, eran preguntas sobre cómo detectar si su hijo estaba apostando. Esa deriva del contenido que recibo refleja una realidad que los datos confirman: el público joven español está siendo expuesto al mercado de apuestas con una intensidad mayor que cualquier generación previa, y el riesgo de derivar hacia conductas problemáticas es considerable.
La evidencia es clara y reciente. La encuesta ESTUDES 2025, con una muestra de más de 35.000 estudiantes españoles entre 14 y 18 años, reveló que el 13 % del alumnado admitió haber participado en juego de azar online. Entre los varones, la tasa subía al 20,7 %. Estamos hablando de menores de edad, que formalmente no pueden apostar en operadores licenciados españoles y que, sin embargo, encuentran vías de acceso y lo hacen. No es un problema menor ni minoritario.
Datos ESTUDES 2025 y prevalencia por juego
ESTUDES es la encuesta nacional sobre consumo de drogas y conductas de riesgo entre estudiantes españoles que el Plan Nacional sobre Drogas realiza bienalmente. La edición 2025 incorporó un bloque específico sobre juego de azar y apuestas online, y sus resultados han reconfigurado el entendimiento del problema juvenil en España.
Los juegos de tipo III (apuestas, máquinas de azar y juegos de cartas) presentan una prevalencia de juego problemático del 26 % entre jóvenes españoles, superando a las loterías (19 %) y a la lotería instantánea y bingo (18 %). Esa desproporción indica que las apuestas deportivas y los productos asimilables son precisamente los de mayor riesgo de derivación a conducta problemática. Dentro de los juegos de tipo III, las apuestas hípicas, las apuestas en esports y las máquinas de azar son las actividades con mayor concentración de riesgo para jóvenes, según el análisis del Ministerio de Derechos Sociales.
La asimetría por género es notable. El 20,7 % de varones entre 14 y 18 años que admite haber participado frente a cifras menores en mujeres indica que la cultura masculina juvenil ha integrado las apuestas como elemento cotidiano en mucho mayor grado que la cultura femenina equivalente. Esa asimetría tiene causas sociales complejas pero una consecuencia clara: los varones adolescentes son el perfil de mayor riesgo y el que más atención preventiva merece.
El dato complementario, para la franja de 18 a 25 años ya mayor de edad, es igualmente revelador. El 36,5 % de los jóvenes españoles en esa franja que jugó en el último año participó en apuestas online, y el 12,45 % desarrolló síntomas de problemas con el juego. Esa proporción —uno de cada ocho jóvenes apostadores desarrolla problemas— es una cifra muy superior a la del resto de segmentos de edad y un indicador directo de vulnerabilidad estructural.
Por qué los esports son especialmente atractivos
Los esports combinan varios factores que los hacen especialmente atractivos para la población joven, factores que el ingeniero típico del producto conoce bien y que explotan conscientemente. La familiaridad con el videojuego es el primero. Los jóvenes que han jugado Dota 2, League of Legends o CS2 tienen una relación previa emocional con el producto base, lo que reduce la distancia psicológica con la apuesta sobre ese producto. Para ellos no es apostar a algo ajeno: es apostar a algo que entienden y que forma parte de su identidad cultural.
La integración con el streaming es el segundo. Los esports se consumen principalmente en plataformas de streaming donde las apuestas aparecen de forma natural en el flujo de contenido. Anuncios de operadores, comentarios sobre cuotas, vinculación con influencers. Esa proximidad del contenido gratuito con el producto de apuesta normaliza la transición de espectador a apostador.
La interactividad y los mecanismos gamificados son el tercero. Como ha explicado Sophia Achab, directora del centro colaborador de la OMS para la Formación en Investigación en Salud Mental, los jóvenes tienden a aceptar rápidamente las novedades y en mayor medida si son tecnológicas, por eso prefieren las apuestas online, diseñadas para sus edades e integrando elementos gamificados. Esa observación es central: el diseño del producto de apuestas online está calibrado para conectar con los mecanismos de recompensa que ya están activos en el público joven por su exposición previa a videojuegos.
La velocidad es el cuarto factor. Las apuestas tradicionales en fútbol tienen ciclos semanales o quincenales. Las apuestas esports ofrecen eventos cada pocas horas durante gran parte del año, lo que permite patrones de consumo continuos sin interrupciones naturales. Para una mente joven en desarrollo, esa disponibilidad constante acelera la formación de hábitos.
Patrones de conducta que escalan el riesgo
Hay patrones específicos que, observados en un joven, indican escalada hacia conducta problemática. Aumento progresivo de la frecuencia de apuesta sin correlato de ganancias. Apuestas en franjas horarias nocturnas o durante clases, indicando pérdida de control temporal. Conversación permanente sobre cuotas, próximos partidos y apuestas, desplazando otros temas. Ocultamiento de la actividad ante padres o amigos no implicados. Solicitudes recurrentes de dinero prestado o anticipos de paga sin explicación clara.
La catedrática en Psicología Susana Jiménez-Murcia ha señalado que los tiempos de desarrollo adictivo son significativamente más rápidos en adolescentes que en adultos, pudiendo reducirse a uno o dos años frente a los cinco años típicos en población adulta, debido a la mayor impulsividad y a mecanismos de decisión inmediata asociados a la etapa evolutiva. Esa diferencia implica que la ventana de intervención preventiva en jóvenes es más estrecha y que las primeras señales no deben minimizarse.
El exministro de Consumo Alberto Garzón lo expresó al presentar el Estudio de Prevalencia de Juego 2022-2023, resaltando que la franja de 18 a 25 años es especialmente vulnerable por ser una generación que ha sufrido el impacto de varias crisis económicas, que está desarrollando su propia identidad y cuyos problemas en esas etapas primarias de la vida se pueden agravar o desplegar en la edad adulta. La preocupación institucional por este segmento no es casual ni exagerada: responde a una convergencia de factores que lo hacen especialmente expuesto.
Qué pueden hacer familias y educadores
La prevención efectiva combina tres niveles. El primero es el informativo: reconocer que las apuestas online forman parte del entorno mediático juvenil y que ignorarlas no elimina el problema. Conversaciones abiertas y sin estigma sobre apuestas, cuotas y riesgo son más efectivas que prohibiciones taxativas. Los adolescentes que pueden hablar del tema con un adulto de confianza son mucho menos propensos a ocultarlo cuando detectan patrones problemáticos propios.
El segundo es el técnico: controles parentales sobre dispositivos, verificación de tiempo de pantalla, monitorización de actividad financiera en cuentas de menores cuando procede. No como vigilancia policial, sino como presencia consciente del adulto en el entorno digital del joven. Una madre o padre que conoce los nombres de los operadores de apuestas está mucho más preparada para detectar señales que quien nunca ha oído hablar de ellos.
El tercero es el institucional: apoyo a las regulaciones que restringen publicidad dirigida a menores, apoyo a los programas de educación financiera y de alfabetización digital en los centros educativos, reporte a las autoridades cuando se detecta que un menor está accediendo efectivamente a productos de juego por vías irregulares. El marco español tiene herramientas para intervenir cuando se activa; el problema es que muchas situaciones no se reportan porque las familias no saben que pueden hacerlo.
Los profesionales especializados son el recurso cuando la prevención llega tarde. Los servicios de salud mental pública y las asociaciones especializadas como FEJAR ofrecen atención gratuita con derivación desde atención primaria. La intervención temprana es significativamente más eficaz que la tardía, y en adolescentes, donde el tiempo de desarrollo adictivo se acorta, la intervención rápida es aún más determinante.
Una responsabilidad compartida
Los jóvenes no se protegen solos del riesgo de apuestas. Las familias no pueden cargar solas con toda la prevención. Los educadores no pueden suplir a las familias. Los reguladores no pueden controlar cada acceso individual. La única respuesta efectiva es la coordinación: familias atentas, escuelas informadas, regulación firme, operadores cumpliendo sus obligaciones y jóvenes formados en alfabetización de riesgo desde edades tempranas. Los datos del ESTUDES 2025 y del estudio de prevalencia DGOJ son el recordatorio de que el problema existe y exige acción. Mirar hacia otro lado es exactamente lo que no funciona.